McNulty de The Wire, personaje fascinante.
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febrero 9, 2012, 12:42 pm
Archivado en: Cine | Etiquetas: crítica, david simon, HBO, mcnulty, obra maestra, serie policiaca, series, the wire
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McNULTY DE “THE WIRE”, PERSONAJE FASCINANTE
“The Wire” es una serie producida y escrita por David Simon, un polémico periodista y autor de novelas policiacas. Fue emitida por la HBO desde junio del 2002 hasta marzo del 2008. Diría que trata sobre el tráfico de drogas en la surrealista ciudad de Baltimore, de la que también es originario el director John Waters, pero sería quedarme corto. Es demasiado compleja y refinada como para reducirla a eso. Periodismo, marginación infantil, corrupción, política, relaciones humanas extremas y un sinfín de temas también tienen cabida y son parte esencial de la trama. Sería necesario todo un libro para poder analizar todos los ámbitos y genialidades de esta obra maestra. Así que voy a centrarme simplemente en uno de los personajes principales: McNulty. Y lo voy a hacer porque pocas veces la televisión o el cine tienen los cojones de mostrarnos a un individuo tan enrevesado como éste.
La HBO los tiene bien puestos. “The Wire” fue un fracaso de audiencia y consiguió aguantar cinco temporadas. No me extraña. Carece del efectismo y el constante humor negro del otro estandarte de la cadena, “Los Soprano”. Los actores no parecen haber salido de un salón de belleza. Los diálogos son complicados y uno debe estar atento para no perderse. Los negros de la serie hablan como lo hacen realmente en el ghetto, acento de Baltimore incluído. Hasta tal punto que en muchos estados se les subtitulaba porque los propios norteamericanos no los entendían (nota: es imprescindible ver esta serie en versión original. Además, su doblaje español es posiblemente el más desastroso que se recuerda en años). Y encima los policías son humanos. Con sus más y sus menos. Con sus virtudes y defectos. Con sus buenos actos y sus putadas. Teniendo en cuenta que están en una de las ciudades más peligrosas y cochambrosas de Estados Unidos, con unos trescientos asesinatos al año, no les queda otra. Es por esto que el detective McNulty me fascina tanto.
Las series norteamericanas de polis acostumbran a estar protagonizadas por superhéroes. Es común que estos batmans hagan triquiñuelas para atrapar al Joker de turno. Al final son felicitados por los jefes y todo queda olvidado hasta el siguiente capítulo. También que pese a estar viendo todos los días cadáveres, drogadictos, palizas y otras historias, conserven la entereza y el buen humor. Vamos, que no les afecta nada de lo que ven porque son “asín” de profesionales. O que tengan alguna habilidad especial, algún “superpoder”, que hace temblar a los malos. O que crean en la justicia por encima de todo sin tener en cuenta las casuísticas. Incluso disponen de la Batcueva con todo tipo de artilugios a su disposición para investigar con mayor eficiencia cualquier caso. Es decir, no tienen nada que ver con la policía norteamericana real ni con cualquier otra policía. No es de extrañar que en uno de los episodios de la última temporada se rían explícitamente de C.S.I.
Sin embargo, McNulty quiere ser un superhéroe. Es un policía nato que se comporta como los típicos protagonistas de este tipo de series. La diferencia es que “The Wire”, a diferencia de las otras, es “realista”. Por eso el pobre McNulty es despreciado. Por eso no le ascienden. Por eso cada dos por tres está metido en líos. Se toma tan en serio su trabajo que desentona con el resto de funcionarios que sólo se preocupan por acabar lo antes posible con buenas estadísticas y llegar a fin de mes. McNulty desea un cambio profundo en la ciudad. Pero sabe que para ello se deberían modificar tantas cosas que es casi imposible. Hay un momento genial en el que el nuevo alcalde, subido en la tarima, promete al cuerpo de policía que Baltimore bajo su mandato se transformará. Y él es el único que tiene los cojones de decirle a la cara que no es el primero que asegura algo así. McNulty se toma la justicia por su mano porque cree en ella. Cree en ella de verdad. Y siente que los demás, empezando por los altos cargos, la ignoran o no le prestan la atención que requiere. Es un rara avis. Un genio de lo suyo condenado a estar rodeado de mediocres y burocracia ineficaz. En su búsqueda de reconocimiento por parte de sus compañeros se deja las horas y la vida. Es algo que no consigue hasta el último episodio de la serie y sólo porque le obligan a abandonar su empleo.
Está destruido porque se dedica en plenitud a lo que realmente le gusta. Y porque cada día está envuelto con lo más bajo y decadente del ser humano. Su vida fuera de la policía es un auténtico desastre. Pero la paradoja es que lo es precisamente porque pertenece a ella. Sus únicas escapatorias son el alcohol y el sexo esporádico. Me parecen sublimes los momentos en los que él y Bunk, otro detective, se emborrachan en un descampado suburbano, pegado a unas vías de tren, para contarse sus penas y olvidarse por unas horas de toda la mierda que les toca tragar cada día; para, de alguna manera, recargar las pilas sabiendo lo que se les viene encima o se les puede venir. Los colegas de McNulty le advierten una y otra vez que si no se toma su puesto de otra manera va a acabar autodestruyéndose. Pero también saben que por otro lado es lo único que da sentido a su existencia. Es un pez que se muerde la cola. Durante la cuarta temporada decide reformarse. Abandona las copas y forma una nueva familia. Es por esto que apenas aparece ni interviene demasiado en la trama. Pero la estabilidad y la felicidad no son suficientes cuando sientes verdadera pasión por algo. Puedes echar agua sobre el fuego, pero siempre quedarán las brasas.
Al igual que sucedía con Tony Soprano en “Los Soprano”, la serie continuamente propina puñetazos en plena frente de los espectadores, preguntándoles: “¿Está bien lo que hace McNulty? ¿Es moralmente correcto? ¿Qué opinas de este tipo?”. Si bien a medida que avanzan los episodios vemos a Tony Soprano cada vez más psicopáta y descontrolado, en “The Wire” los guionistas te muestran que McNulty en el fondo es un buen tipo. Y esto es una putada en Baltimore. De hecho, durante la última temporada, tiene un pequeño período de pseudo-jefe y todos se le suben a la chepa, todos se aprovechan de él. Es como aquello que tanto se escucha en Valencia: “A las buenas personas se las echa a la paella para devorarlas”. Ahora bien, ¿puede pedirle a sus hijos pequeños que persigan y espíen a uno de los delincuentes más peligrosos porque pasan desapercibidos? ¿Puede llevarse a un mendigo a otra ciudad para asegurar que ha sido aniquilado por un asesino en serie imaginario con afán de conseguir algo más de presupuesto para la policía? Independientemente de la opinión que pueda tener cada uno al respecto, él lo hace de buena fe. Por mi parte, no tengo muy claro si es terrorífico o maravilloso.
Me parece un acierto la elección de Dominic West para interpretar a McNulty. Sería, dentro de todo el reparto, el “tío bueno” de la serie. Pero, como todo en “The Wire”, es atípico. De primeras aparenta ser algo más mayor de lo que realmente es, como si cargase en su espalda el peso de la experiencia y los años y la mala vida. Es un “hombre”. No tiene ese aspecto medio-infantil o medio-sofisticado que acostumbran a tener los protagonistas de las series actuales sobre polis. Vamos, todo un machote, sin caer en el paroxismo ochentero del tío duro. Tiene un aire demacrado que le da un encanto especial. Se aleja de los rasgos proporcionados clásicos en pos de una nariz enorme y una boca ligeramente torcida. Además es moreno con ojos marrones. Tal vez no sea un “tío bueno”, sino un “tío altamente atractivo”. De hecho, a veces, cuando gesticula, se le ven las arrugas de la cara. Es algo a lo que no estamos acostumbrados y menos viniendo de los yanquis… ¡Ni siquiera en personajes de la tercera edad!
Para finalizar quiero dejar claro que “The Wire”, además de McNulty, tiene todo un elenco de personajes a los que valdría la pena dedicar una entrada. Creía que tras ver “Los Soprano” no volvería a tener jamás la sensación de estar viendo algo realmente enorme. Creía que jamás volvería a tener la sensación de estar disfrutando de algo comparable a una de esas novelas que pasan los siglos y siguen dando de qué hablar y creando adeptos. Pero “The Wire” me hizo cambiar de parecer. Para mí, un estudiante de cine, es lo más grande que se ha hecho nunca en la televisión. Es tan sumamente perfecta que ha dejado el listón demasiado alto. Pueden pasar tranquilamente treinta años hasta que otra serie alcance semejante nivel. Recomiendo encarecidamente su visionado. ¡McNulty os espera!
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