Blemmye’s Blog


libros basura
febrero 21, 2009, 10:59 am
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LIBROS BASURA

Es común escuchar o leer por ahí que en este mundo hay dos tipos de personas, las que leen y las que no. Estoy bastante de acuerdo con esta aseveración, pero le añadiría que además no es cuanto leas, sino lo que leas. Pulsa abajo para seguir leyendo.

Hay best-sellers que gozan de una calidad innegable y merecen todos mis respetos, especialmente en la llamada “literatura de género”. Hay obras que incluso se convierten en best-sellers, lo apropiado sería denominarlas long-sellers, a largo plazo, los típicos “clásicos” o textos que por mil motivos calan más en otra época que en su día. Sin embargo, lo que de normal se conoce y vende como best-seller es un entretenimiento tan pasajero como hacerte una paja o comentar el último partido del Barça entre birras. En general, leer supone un ejercicio mental superior al de visionar un film. Pero las superincreiblesyapasionantes narraciones sobre sociedades secretas o niños que viven mil aventuras o desventuras, suelen diseñarse para que el esfuerzo no sea mucho más agotador. Son productos que tras hacer caja instantánea caen en el olvido más absoluto. No voy a extenderme en este punto porque es un tema bastante complejo que me daría para mínimo dos entradas.


Lo que quiero dejar claro es que consumir este tipo de historietas no es muy distinto a tragarte películas de temática similar. Y me atrevo a cerciorar que en algunos casos, como el del western, suelen funcionar mejor en la pantalla que en el papel. Que las letras hayan quedado como algo super-culto y refinado, no significa que con todo relato escrito aprendas, o evoluciones como persona o seas más inteligente e introspectivo que el resto de la población. La idea clasista de que hasta la novela más simplona puede abrirte los ojos a miles de perspectivas está obsoleta. El cine o un cómic cada vez más elaborado y adulto, también pueden hacerlo. Yo, sinceramente, antes que perder varias tardes y veinte euros con la última chorrada de Ken Follet, prefiero ir al videoclub y alquilar “Golpe en la pequeña china” de John Carpenter. Es más barato, sólo le dedico una hora y media y cumple el mismo objetivo: Distraerme sin calentarme la cabeza. Ah, es posible que después de identificarme con el prota me dé por comprarme un camión y pelear contra asiáticos que tienen superpoderes.


Lo preocupante no es que vicien los poco sorprendentes y llenos de clichés lances de Harry Me Hace Pottar y parecidos, sino que además se compren en masa pseudo-estudios que a mí por un lado me hacen gracia y por otro me dan miedo. Los hay de todas las materias imaginables: Historia, filosofía, política, economía, ciencia (sería más correcto decir pseudo-ciencia), astrología, etc. Su condición de “ensayo” les hace tener, en apariencia, más veracidad que cualquier ficción. Un tipo al que de repente le da por “x”, si no se informa de quienes son los que tratan ese “x” seriamente, tiene una probabilidad muy alta de adquirir esta basura. Vayamos por partes.


Empecemos por la ciencia. Personajes especializados y muy doctos en una o varias materias, con ánimo de mostrar a la gente sus hallazgos o simplemente enseñar de manera sencilla conocimientos de interés humano, ocupan un merecido lugar en las estanterías de la Fnac. Los respeto muchísimo y de hecho, tan radical yo, opino que es una obligación moral saber de qué van sus trabajos más importantes. Me refiero a, por citar algunos muy conocidos, Stephen Jay Gould, Stephen Hawkings o Carl Sagan. Gente sensata que, esté o estuviera equivocada, sabes que utilizó el método científico buscando un poco de verdad. La ciencia tiene un problema y es que a veces no te dice lo que quieres escuchar. Esto le resta “molonidad”. Entre un tipo que te expone que jamás ha habido ningún contacto con extraterrestres, aunque es posible que cerca de nuestro planeta haya vida microbiana, y otro que te asegura cómo los gobiernos ocultan la verdad, unos monstruos cuya tecnología nos supera en creces han dejado sus huellas por aquí y por allá, cierto pastor de Aragón tiene una piedra de origen desconocido y blablabla, es más emocionante el segundo. Qué triste.


La ciencia desde hace unos años también sirve a los vendedores de embustes para “probar” sus alocadas teorías o insertarte en el recto sus milagrosos juguetes o pócimas. Revelaciones divinas y demás chorradas parecen estar en decadencia, así que estos timadores, con su imagen super-cuidada de neo-gurús-intelectualoides te aseguran que científicos de una universidad, si es que la citan, que seguramente no existe han demostrado que, por poner un dechado reciente, la biorresonancia resuelve tus problemas físicos y espirituales. Un artículo en el blog “Las pirámides del cerebro” explica de qué va esto. Podéis leerlo pinchando aquí.


Si bien en ciencia es muy fácil demostrar que estos tíos te están adjudicando estampitas de santos a quinientos euros, en otras disciplinas resulta más complicado, como la historia. Aunque tienda a la objetividad, siempre, por cojones, pasa por el filtro del historiador que trabaja con documentos a veces confusos, de bandos opuestos, etc. La postura del sensato autor en cierta biografía de Carlomagno no te ha convencido. No pasa nada, quizá otro sensato erudito te agrade. Distinto es que algunos relacionen a Julio César con Chewbacca, o que aseguren que en no sé qué secta estaba no sé qué rey y por eso se desató no sé cuál guerra; o que lo manifestado por los historiadores de allí, que son unos fachas asquerosos, es una puta mentira porque está demostrado y probadísimo que a los de aquí, como somos una fusión entre Indiana Jones y Sherlock Holmes, la certidumbre nos pertenece y a callar la boca. Conocidos son los casos de los templarios o la “auténtica” figura de Jesucristo. Me estremece imaginar cuánta morralla se ha editado al respecto. España, país de agitada política, además presume de tener “ayuntamientos” que solucionan la vida a varios elegidos a cambio de defender y repetir hasta la saciedad lo que les interesa. Ilustrativos son algunos hispanistas extranjeros que han pasado de apoyar “X” o simplemente mostrarse neutrales a contradecirse a sí mismos y publicar artículos cada semana en algunos periódicos de clara tendencia ideológica. A mí me han armado tal “cacau” mental en algunos temas que ya desconozco mi posición. Qué triste.


Luego tenemos a los “Túrmix”. Son tipos que pillan un poco de orientalismo guayón, psicoanálisis, libros de autoayuda, esoterismos varios, ideas filosóficas de este alemán y este gabacho, etc. Y te lo embeben como el colmo del pensamiento moderno. Ala, garrotazo en toda la rodilla. Intelectuales en universidades de todo el mundo apoyando su cabeza contra una estufa a potencia máxima para que se reflexione sobre el ser humano con lo que sabemos de él en la actualidad, y quienes más llegan al populacho son los oscurantistas. Con un estilo para que las amas de casa más enrolladas, cuya casa apesta a incienso y echan el tarot, no se aburran y reavivando, una vez más, el pensamiento mítico, disfrutan de una credibilidad asombrosa. Seguidores de estos personajillos son algunos bohemios de barrio pijo, fans de la Generación Beat y los primeros en llevar el último diseño con la cara del Che, que se creen, cual artistas del XIX, en la vanguardia de la sociedad. Están convencidos de que estas corrientes son las que se deben defender, porque las “oficiales”, de gente sosa que no lleva chapitas de los Clash, son propiedad de individuos incapaces de comprenderlos y rebelarse ante un sistema opresor. Cada vez es más común que los “Túrmix” traten desde política, medicina, biología, etc. Qué triste.


Podría extenderme en otros ámbitos, pero no lo haré porque la entrada ya es suficientemente extensa. Así que repito, no es cuanto leas, sino lo que leas. A nivel de novela uno se tiene que plantear si le apetece literatura en mayúsculas o pasatiempos folletinescos. Si es lo segundo, repito, un filme es más económico. Si te lo descargas es hasta gratis. Y tiene música y tías que quitan el hipo y efectos especiales. Es mi modesto dictamen. En cuanto a los tratados, se debe ir con mucho cuidado. Lo mejor es preguntar a gente especializada que, si no se tiene mucha idea, te pueda recomendar. O empezar buscando por tu propia cuenta después de haber consultado, yo qué sé, una buena enciclopedia. Pero ojo, si desde un principio caes en el lado oscuro, es decir, en los alucinados o los charlatanes que tanta pasta sacan últimamente, te va a costar salir. Te lo dice un capullo al que casi atrapan con sus artimañas y verborrea confusa. Si a tu cabeza le vas metiendo mierda, al final estará llena de mierda. Haber leído mucho no te habrá servido de nada, excepto para rallarte y hacer el ridículo ante personas realmente sabias en algo.


Te aseguro que dos mil exposiciones en las librerías de tu ciudad sobre telequinesis no van a conseguir que alguien mueva objetos con la mente.


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